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CURSO FÉNIX. Ayuda para salir del mobbing. www.anamib.com

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BIENVENIDO

Este Blog es un instrumeto de ayuda. Aquí podrás encontrar orientaciones, referencias e informaciones que colaboren a salir de una situación de acoso moral, de mobbing, y de sus consecuencias. Si quieres ponerte en contacto con Anamib, escribe a asociacion@anamib.com

AUTORES
Ana-Regina Segura: arcentaura@gmail.com
Eva Ventín: evaventin@evaventin.com
Guillermo Oholegui: guilleguy@gmail.com
José María Cano: human_sos@hotmail.com
Mª Luisa Genovés Gómez: marisagenoves@gmail.com
Raúl Rodríguez Quintana: raulroqu@gmail.com
Ricardo Pérez-Accino: rpaccino@gmail.com
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Que sea Dios quien perdone

Hace años, no muchos, decidí escribir un libro sobre mobbing. En aquel tiempo ni se sabía, ni se hablaba tanto de  este problema. Pocos  casos salían a la luz y encontrar ayuda era una tarea ardua y de escasos resultados. Pensé que este libro sería además, una buena manera de resarcirme ya que me permitiría ayudar a otras víctimas. Quería un libro que relatase experiencias reales que hicieran visible lo invisible. El libro no salió adelante y hace unos días haciendo limpieza en mis cajones, encontré la entrevista con la que comenzaba el libro. Olvidado ya el proyecto literario pensé que lo mejor era rescatarla de las tinieblas del cajón y que recibiera la luz de este blog.

Se trataba de Manuel que ejercía como ingeniero en una empresa dedicada a la investigación y desarrollo en el sector de la automoción. Estaba en los cuarenta años. Un número  que para muchos y muchas marca un antes y un después en nuestras vidas. Hay a quien los cuarenta le supone un altillo desde el que contemplar nuestro bagaje y el camino que nos queda por recorrer.

¿Cómo definiría yo el mobbing? Me contesta con otra pregunta. ¡¡ Ufff!., tiene las piernas cruzadas y se balancea ligeramente  apoyándose en su silla giratoria. Estoy sentada frente a él. Está nervioso o eso me parece. He comenzado la entrevista hablando  de cosas mundanas para que el ambiente se distienda y el alma pueda confesarse, sin temor a ser juzgada. Estamos solos. He puesto la grabadora a funcionar sobre la mesa que nos separa.  Detiene su balanceo para agachar la cabeza y juguetear con los cordones del zapato. Se demora en su respuesta porque para él no es fácil encontrar  las palabras con las que definir la violencia brutal que durante un tiempo, para él interminable, le arrebató su vida. Sabe que ellas, las exactas, son imprescindibles para que la grabadora pueda recomponer tal cual su vivencia y que los demás, desde fuera, la puedan visualizar como si de una película se tratase y alcancen así a comprender en toda su amplitud la peor, con mucho, de sus experiencias vitales.

Tiene la imperiosa necesidad que nada quede en el aire, con dudas que pongan en entredicho su credibilidad. Tiene miedo a no poder dibujar con sus palabras, ahora tan valiosas, su historia.

Lo definiría como un infierno, responde al fin, con la mirada ahora puesta en mis ojos. ¿Qué recuerdo?…. El trato ofensivo, la impotencia para defenderte pero sobre todo el vacío. No poder contar con nadie, ni para tomar ese café,  es duro. Luego están las tensiones en casa o con los amigos que incluso al final acaban por alejarse porque eres insufrible. Cambias y nadie lo entiende.

Recuerdo las interminables  noches sin dormir preguntando ¿Qué he hecho mal? ¿Cómo puedo resolverlo? Ideando mil maneras de reconciliación, primero, de justificarlo todo como un mal entendido y después de buscar salidas. Pero no puedes hacer nada porque la decisión ya está tomada. La tomaron ellos o ellas y ya no hay vuelta de hoja. Eres el objetivo… Un objetivo desarmado, frente a un ejército bien organizado. Luchaba por mantenerme en pie cuando estaba malherido.

Recuerdo lo dulce que me sabían las tardes de los viernes y el pánico que me producían las tardes de los domingos. El miedo a volver,  me abocaba a una  soledad en la  que nadie ni nada tenía cabida.

Recuerdo la tensión con la que acudía al médico a recoger el parte de baja semanal, temiendo que en cualquier momento me extendiera el alta y tuviese que reincorporarme a la empresa. Recuerdo la impresión de ser interrogado por la Inspección Médica, estar bajo sospecha de ser un falso enfermo, un embaucador que suponía un alto coste al Estado. El alma no sale en las radiografías.

Recuerdo el sufrimiento de mi mujer, atenta a cada uno de mis pasos, de mis  movimientos,  de mis gestos temiéndose lo peor.

Recuerdo un continuo dolor en el pecho, la tristeza,  el llanto irreprimible  de un niño ya adulto que no debe llorar. Recuerdo la vergüenza de mis manos siempre temblorosas ante la mirada de los ajenos. Recuerdo como la locura me cercaba.

Recuerdo los largos paseos mecánicos con mi padre que luchaba por  rescatarme del pozo y devolverme a la vida.  Ya entonces había enmudecido.  La angustia me estrangulaba e impedía las palabras.

¿Cómo y cuándo empezó? En el principio del fin, como se suele decir. Era el becario. En mi último día  el director general, me llamó a su despacho. Me dijo que tenía muy buenas referencias sobre mi trabajo en la empresa.  Me felicitó. Era un hombre escueto, pero, de vez en cuando esbozaba una sonrisa. No se dejaba ver muy a menudo. Todo el mundo hablaba del director general y en todo el año que había estado prestando mis servicios solamente lo había visto una vez. Era una táctica. El ojo de Dios que todo lo ve. El caso es que me ofreció trabajar allí. Vamos, que cuando acabara con mi plan de formación tenía un puesto esperando por mí.  Más sonrisas, más alabanzas, un apretón de manos y… Seis meses después estaba fijo en plantilla.

¡Quién lo iba pensar!  Aquel contrato que llevaba una  ilusionada firma no era más que mi condena al sufrimiento. ¿Las causas?… En aquella empresa por miedo o por lo que fuese,  nadie se atrevía a exigir nada y yo exigí lo que me correspondía  por derecho, ni más ni menos, no estaba dispuesto a que me explotasen. Pero, ¿Qué  pasaría si la empresa cedía? Esto podía dar pie a que  el resto de la plantilla siguiese mi ejemplo. Se necesitaba un castigo ejemplarizante.

Era mucho el tiempo dedicado a la empresa. Apenas tenía vida social y la que tenía se reducía a los sábados en el supermercado y a los domingos en casa de mis padres o de mis suegros. A la mía, sólo iba a dormir y las veces que iba a comer, eran contadas. Pero no me preocupaba. A pesar de todo estaba ilusionado. Era joven y ambicionaba ejercer mi profesión con éxito. Disfrutaba con cada logro. Dos años después de entrar a trabajar en la empresa me casé con Lucía, mi novia de toda la vida.  Estábamos eufóricos. Aquél era el momento…

Fue cuando nació  María cuando todo empezó a cambiar para mí. Su llegada sacudió los cimientos de mi vida. No me la podía sacar de la cabeza. Estaba ensimismado e ilusionado y empecé a hacer planes.  No me quería perder  lo que ya me ofrecía aquel pequeño ser, nada más salir del vientre de su madre y asomar su cabeza a la vida.  Me planteé pedir el permiso de paternidad de antemano. Sabía que era imposible pero aún así lo solicité y después de mucho pelear lo conseguí.

A partir de aquí  lo primero que hice fue reivindicar un  horario de trabajo. No estaba dispuesto a seguir con aquellas jornadas interminables. Me daba igual si el trabajo se terminaba o no. Me planté: Si queréis que el trabajo salga adelante, es  hora de que se contrate más personal y se reparta la carga de trabajo… También quería mis vacaciones en tiempo y forma… ¡Pobre de mí! Porque a partir de aquí  la empresa  tomó sus medidas.

Me mandó al infierno… Lo que continúa es fácil de imaginar. Sólo el tiempo y la mirada de mi hija me reconfortan y en cierto modo me ha permitido olvidar y como decía mi padre, que sea Dios quien perdone.

Anatheoresis

El término según su autor significa “mirar hacia atrás contemplando el pasado y exhumarlo, traerlo al presente, comprendiendo.

Se define como una psicoterapia de carácter perceptivo que considera la enfermedad como una disfunción física o psíquica de origen emocional.

A través de un estado de relajación profundo es posible indagar en la conciencia oculta, daños emocionales originados fundamentalmente en el periodo intrauterino, en el parto y en la niñez, desde el nacimiento hasta 7 a 12 años aproximadamente. A partir de esta edad se producen ya ritmos de ondas beta cerebrales que empiezan a ser predominantes.

Como la mayor parte de los daños emocionales ocasionados por hechos ocurridos en el periodo de edad anteriormente mencionado donde la maduración del hemisferio izquierdo no está aún desarrollada, el sujeto vivirá bajo las características de lo vivenciado, evocando simbiologías y analogías pero con los acontecimiento originarios ocultos, encerrados y olvidados que dejan en su estrato emocional en forma de embolsamiento altamente energéticos que en un futuro podrían estallar.

La indagación se realiza, a través de una relajación profunda, por analogía con la situación emocional del sujeto respecto a su disfunción.

A lo largo de la vida, esos daños se han trasformado, por acumulación, en disfunciones físicas o psíquicas.

La curación llega cuando salen a la luz esos daños ocultos mediante la sincronización de los hemisferios cerebrales. El derecho con su capacidad de vivenciar (ver y sentir) los hechos que han causado esos daños emocionales y el izquierdo con la compresión de las causas de su sintomatología producida por ellos (somatización) posibilitando que se disuelvan dichos efectos y por tanto la enfermedad.

Anatheóresis, trabaja a nivel psíquico con la información que el sujeto recibe, procesa e interpreta.

Terapia muy útil en los procesos de moobing, ansiedad, estrés, miedos, etc.

Puedes contactar con conmigo si así lo deseas,

mgfarez@movistar.es

Encuentro

Que parte de mi ríe, que parte de mi ironiza,

que parte de mi vive, que parte de mi agoniza.

Llegan recuerdos de un pasado lejano,

llegan dolores, de un reciente pasado.

Mi vida, como un frágil y atesorado recuerdo

yace en pedazos, esparcida por todos lados.

Escoba del alma mía, cual magia que arrastra,

reúne un poco de mi, para volver a sentir ,

para volver a vivir.

Conéctame nuevamente con la  sensación de tener amigos,

con la necesidad de ser querido.

Enséñame el camino para  volver a confiar,

para volver a soñar.

Vivir sin ser

Vacía, como de ausencia de aire,

tu vida es.

Doliente, como en el tiempo presente,

la herida es.

Hay lágrimas visibles que humedecen tu piel,

hay lágrimas que caen dentro, y que no se ven.

Valiente, porque construyes tus días,

con lo que quedó de tu ser.

Paciente, porque esperaste de otros,

lo que no pudo ser

Hay momentos en la vida, de plena felicidad,

hay mojones, que el tiempo construye, donde se respira paz.

Pájaro de alas rotas, no te quedes allí,

a curar tus heridas al sol.

Camúflate, con el color de los árboles,

mimetízate, con el sonido y el aire.

Vuélvete inalcanzable, que desapercibido, también se vive,

y cuando estés plenamente recuperado, échate a volar.

Hacerse la idea

Cuantas veces, cada uno de nosotros tuvo la necesidad encontrar las palabras justas y necesarias para explicar tanto sufrimiento. Cuantas veces hicimos un esfuerzo enorme en hacer sentir en aquellos conocidos y próximos también, el dolor de una experiencia intransferible. Y nos quedamos perplejos y atónitos al no ser comprendidos y volvimos a casa con la carga a cuestas de la frustración y la negación ha aceptar, que nuestras vidas, habían cambiado.

Vaya si cuesta aceptarlo, y entonces no hubo un momento en nuestras mentes para buscar la forma para  solucionar  todo esto, y a riesgo de salir heridos, insistimos con los nuestros, porque sentimos que ya, no nos quedó nada. Y no nos alcanzaron las formas para matar a nuestros enemigos y no bastó la indiferencia, tampoco faltó una madrugada en que el sueño se cortó y caímos en la cuenta de un hecho no entendido en su momento o de cuantas personas estaban implicadas.

Vaya por Dios, si que cuesta hacerse la idea, que aquellos amigos que antes eran, ya no lo serán, que fuimos dejando cada uno de estos años en  proyectos sin culminar , en tiempo sin disfrutar. Y nos volvimos pasatistas, pensando que alguien va a tocar a nuestras puerta y nos dirá… tiene usted razón. Y nos volvimos desconfiados, hasta de nosotros mismos, y entonces quedamos presos del dolor

Tampoco faltaron los momentos en que pensamos como serían las cosas si no hubiese pasado lo que sucedió, hasta que nuevamente fuimos absorbidos por el inexorable paso del tiempo, entonces el abismo se hizo cada vez más profundo y nos faltaron palabras para explicar, lo inexplicable.

Luego el cansancio nos agobió, el profundo cansancio de haber soportado tanto. Verdad que sí, que cuesta mucho hacerse la idea, aunque esta sea para hacer un cambio.

En la piel

Ese día era sábado, no había que ir a la escuela, por lo tanto, no había nada para hacer. A media mañana su padre lo llamó diciendo… Cristian, es hora de levantarse.

Medio dormido y medio despierto giró su cuerpo de un lado a otro se abrazó a la almohada y esperó.

En otro lado de la casa, su madre trajinaba entre los quehaceres de la cocina, mientras ponía  a lavar, ropa atrasada de la semana.

Se sintió un ruido, al fin se levanto y enfiló hacia el baño, y tras unos minutos se sentó a desayunar

Sus labios apenas humedecieron la taza, un leve mordisco a la malteada y de tanto en tanto, espiaba por la ventana.

De repente ya no estaba allí, se hallaba en frente, con sus amigos de siempre. Luego su madre exclamó ¡ ese niño no come nada! Y llegó el almuerzo y con él, la tarde y volvió a jugar y al pasar las horas, fue recuperando el alma.

Al otro día, las mismas cosas, para una diferente jornada y esperó los momentos más felices, los que en su dieta no estaban, y nuevamente su madre exclamó ¡ese niño no come nada!

Y se fue a jugar, al football, a las cinchadas. Por la tarde el sol enrojeció sus blancas mejillas y transpiró su cabello  y entre juego y juego estalló en frenética risa.

Allá en la tardecita  su padre lo reclamó… Cristian, es hora de dejar de jugar y hacer los deberes… Quiso ponerse serio y tras un pequeño silencio respondió… ya los hice papá.

Dale, dale, agregó su padre, que no te he visto tocar nada. No respondió y siguió jugando, hasta el cansancio jugó, luego entro directo al baño y se duchó.

Se sentó a comer una merienda, apoyó la cabeza en la mesa y se quedó dormido, al otro día, mil excusas para emprender la mañana. Y llegó a la escuela y en la entrada, entre compañeros se saludaban.

Se adentró en sus cosas, las que a él le importaban y se rió una y otra vez. Fue

avanzando por el patio y entre bromas y comentarios de repente se sintió observado, alzo la vista y allí estaban, aquellos compañeros que lo golpeaban.

Todo cambió en un instante, su cuerpo se estremeció y se puso tenso, bajó la mirada y de su rostro, despareció la risa.

Llegó a su clase y se sentó en su banca, y mientras la maestra hablaba, la tapa de su cuaderno rayaba.

Sonó el timbre del recreo, se dirigió al baño y nuevamente, los encontró en la entrada. Se sintió mal y comenzó a vomitar, se hizo en la ropa y quedó allí, tirado en un rincón, mientras los compañeros  se burlaban.

Su madre lo fue a buscar y regresó  a su casa, quiso hablar con él, más él, no dijo nada……….

A través del espejo

Pasé del todo a la nada, de la gloria al infierno. De ser una gran profesional a ser la perfecta inútil. Pasé de las alabanzas y sanas envidias de la familia, de los amigos y amigas a sus frases compasivas y animosas. ¡Qué vergüenza!, me veía pequeñita, muy pequeñita y de trapo.

Durante años recibí la palmada en la espalda: si la empresa va bien a todos nos irá bien. Somos una gran familia… Hora me acordaba con rabia, de aquellas consignas, mil veces escuchadas y mil veces repetidas  a mis subordinados y a mis  subordinadas. Yo era la empresa, así lo creía. No  había otro yo posible que ser la representante de una importante multinacional. No había para mí más vida que la que marcaba la agenda de la empresa.   Trabajaba todas las horas del día y m´s que hubiera. Lo más triste es que me sentía identificada con aquella trampa mortal, con aquella gran mentira. La empresa no era mía, ni formaba parte de mi familia y cuando a la empresa le iba bien, a mi me iba mal y cuando a la empresa le fuese mal a mi me iría peor.  Un día me convertí en un estorbo. Me hice mayor, disimulaba las canas y mis hormonas andaban revolucionadas (esto fue uno de los rumores que se habían extendido). Se necesitaba gente joven más barata y yo, además de cara,  ya no encajaba en la política de la empresa. Todo lo que tiene cabeza puede ser decapitado y hay quien todo lo arregla así; cortando cabezas.

Pero, de todo esto me di cuenta cuando caí al  vacío. Un vacío negro en el que se sucedían las crisis de ansiedad, la angustia, el dolor físico, los vómitos, el insomnio,  la tristeza, el llanto… No sabía quién era, desde luego no era la misma de hacía unos meses o unas semanas y tampoco era la que sería al día siguiente. Fui cayendo por aquel agujero negro sin encontrar derechos a los que agarrarme para frenar la caída mortal. Estaba convencida que el derecho laboral me protegería.   Me encontré tarde con la realidad: somos el eslabón más débil de la cadena por mucho que nos intenten engañar. Por mucho que nos quieran confundir con nuestros agradecidos ascensos laborales y nuestros puestos de responsabilidad en la empresa. Hay quien, mientras yo me caía, me pidió pruebas, pruebas contundentes que demostrasen mi inocencia. Por fin, me estrellé contra el suelo. Intenté ponerme en pié cuanto antes porque sabía que si no lo hacía inmediatamente me quedaría allí para siempre. En cuanto conseguí mantener el equilibrio comencé a dar mis primeros pasos. Lo siguiente era redescubrir quien era yo. Sabía que era alta, morena y bien parecida… pero ¿Qué más? Había que empezar la búsqueda desde el principio.

Un día de primavera subí con mi madre al monte del Castro; mi pobre madre  presa del verdugo  alzheimer. Observé  el paisaje que había olvidado entre las prisas y las responsabilidades adultas:  las apacibles Islas Cíes alineadas  con el horizonte. Era el paisaje de mi infancia. Me sentí reconfortada pero, no pude impedir las lágrimas que me provocaron los recuerdos de la niñez… Mi madre me apretó la mano,  me miró clavando sus ojos en los míos y  me sonrió. Por un momento pensé en un milagro y con la voz dulce y aterciopelada, como yo la recordaba, me preguntó  ¿e ti, de quen  ves sendo? Y   volvió a perderse en el olvido. Éramos dos mujeres con sus cabezas separadas del tronco.

Y tú, ¿quién eres?

¿Has llegado ya a esta pregunta?

Pues deberías, porque como todas las preguntas lleva ya en sí la mayor parte de la información de su respuesta.

¿Quién eres tú en realidad?

Antes, cuando todavía te identificabas con tu mundo laboral y tenías una imagen de ti mismo tan positiva, tan gratificante, cuando todo lo que le dabas a tu trabajo, todos tus esfuerzos, se veían recompensados con la gratificación de lo bien hecho, ¿eras tú? Esa persona activa, buen profesional, reconocida, segura de sí misma, convencida de estar en el lugar adecuado, ¿eras realmente tú?

O no era más que un personaje, un ropaje que llevabas cosido a tu verdadera persona. Porque, en realidad si lo piensas, aquella persona ahora lejana, no era más que la imagen que los demás te daban de ti mismo. Piénsalo. Todo a tu alrededor te devolvía una imagen buena, segura, adecuada. ¿No era un poco ese reconocimiento que veías en los demás por tu persona, el concepto que de ti mismo tenías?

Puede que contestes a esa pregunta diciendo: Sí, esa persona era la que yo era. Me sobraba la energía y tenía mucha capacidad porque hacía las cosas bien, estaba contento conmigo mismo y los demás reconocían mi coherencia, mi fuerza, mi integridad.

Fíjate bien: “tú te veías como esa persona”, pero verse “como esa persona” no significa exactamente ser esa persona.

Ahora, sin embargo, te ves de otra forma. Te ves vencido, sin recursos, abandonado, solo.

¿No será pues que en realidad eres esta otra persona, el fracasado, el incomprendido el necesitado? Ahora te ves así, ¿no es cierto?

Y sin embargo, piénsalo, en realidad ocurre lo mismo que ya ocurrió, que te ves con la imagen que de ti te transmiten los otros, sigues viendo una imagen, otra diferente, pero otra imagen de ti mismo. La diferencia es clara, esta ultima imagen de ti mismo no es agradable, no te gusta, no te refuerza; por eso dices “yo era el otro”, esto que veo ahora no soy yo.

Uno y otro, no son sino diferentes trajes, distintas vestiduras de ti. Por eso antes te veías de una manera y ahora te ves de otra. Pero fíjate, para verte, de una forma o de otra es necesario que alguien mire, y que alguien sea visto.  Hacen falta dos elementos, si tú eras en realidad en que te veías de aquella forma, y ahora eres el que te ves de otra distinta, ¿Quién es el que mira?

El que mira es el que realmente eres.

El ser que tiene la capacidad de observar, ese es el ser que eres en realidad. Estás confundiendo al observador con el observado, y el observado no es sino una imagen creada por tu entorno, por la información que de ti te proporcionan los demás. Pero tú eres mucho más. Tú ,eras tú ya antes de aquella lejana imagen tuya, y sigues siendo tú ahora, con una imagen tan diferente. Pero no eres ni aquella persona que entonces tanto te gratificaba ser, ni la otra que hoy te duele tanto contemplar. Tu verdadero ser, el que contempla una y otra, es quien eres en realidad.

Tu verdadero ser estuvo, está y estará siempre ahí, eres lo que eres, no lo que los demás te informen sobre ti. Lo que tú, que te observas, eres, no depende de ninguna imagen, tú ves, no eres visto, tú verdadera identidad no dependerá nunca de una imagen, de un reflejo.

Renuncia a toda imagen artificiosa de ti mismo. Por gratificante que sea la imagen que de ti te dan los demás no es más que eso, una reproducción, tan burda como la que te dan ahora, triste y dolida, tan diferente; y tan falsas las dos.

¡Pregúntatelo!

¿Quién eres en realidad?

¿Por qué?

¿Por qué a mi y no él?, ¿por qué a nosotros y no ha otros?, ¿por qué a ti y no aquél……? ¿Por qué?, son a veces preguntas que no tienen respuestas.

¿Por qué a mi me cuesta tanto todo?, ¿Por qué a otros nada?, ¿por qué la vida se ha ensañado en mostrarme este padecimiento absurdo y qué he hecho yo para merecerlo?

No quisiera navegar siempre en este mar de dudas e incertidumbres, tampoco quisiera olvidar, simplemente quisiera darme la oportunidad de estar bien conmigo mismo.

Nadie nos enseña a estar preparado para la tragedia, la crisis y la angustia, tampoco salir de ella.

No me hundiré en el abismo profundo de la recurrente necesidad de justificar mi existencia, miraré hacia adelante, sin olvidarme quién soy.

Cuando la tierra no sea firme, echaré raíces en el barro, me reinventaré mil veces si es necesario hasta que el cansancio llegue a su destino.

Si la vida ha reservado para mí el propósito de luchar, haré de ello una realidad. Si la vida me ha reservado dolor haré en medio de él la felicidad.

Universos

Cada persona vive en su propio universo de amistades, de creencias, de formas de pensar, y responde a las normas que lo rigen.

Los acosadores, suelen haber crecido rodeados de una atmósfera falta de empatía, suelen haber sufrido la manipulación o el abuso en su infancia y, ya de mayores, consolidan sus relaciones más en el ámbito de las relaciones sociales que en el de la verdadera amistad o del amor. Tienen enormes intereses materiales y no responden a normas éticas o morales, aunque simulen respetarlas. Viven en un universo donde su ego constituye la medida de todas las cosas.

Es muy frecuente, por el contrario, que las personas acosadas vivan en otro universo por completo distinto. El suyo es un entorno donde la empatía tiene un papel muy importante, y donde las relaciones humanas son la base de su vida y también de su trabajo. En general, son bastante consecuentes con sus ideas y esto les da un cierto liderazgo entre sus relaciones y compañeros de trabajo.

El acosador vive en consonancia con su entorno. Es desconfiado, precavido y planifica fríamente sus actos.

Por el contario, sus víctimas disfrutan de la vida que basan en las emociones positivas y así viven confiadamente.

Pero en el Universo, con mayúsculas, lo cierto es que hay una inmensa diversidad de personas y circunstancias que en su conjunto lo enriquecen y completan.

Es necesario no engañarse e incorporar y aceptar, la certeza de que en nuestro mundo existen también personas que se aprovechan de los demás, que buscan el poder, el dominio, por cualquier procedimiento, incluso en la de la violencia psicológica; pues vivir en la idea de que estas personas no existen, o que no pueden tener influencia sobre nosotros o nuestro entorno, es falso. Sólo lo que se acepta puede ser integrado, y sólo aquello que hemos integrado en nuestro mundo puede ser combatido.

¿Cuál es tu universo?

¿Has incorporado a él todo tipo de personas y situaciones posibles?

¿Estableces los procedimientos adecuados para protegerte de quienes son potencialmente peligrosos?

No te conformes con un universo parcial, incorpora todo lo que realmente existe en él y así es como podrás empezar a anticipar nuevas circunstancias, incluso agresiones. Aparta de ti lo que no te guste, lo que no quieras compartir, pero no niegues ni su existencia ni su capacidad destructiva.

Acepta el verdadero Universo.